Desprogramarse de las cosas
Â

Â
La interioridad o vivir desde una misma empieza por las cosas, por las muchas cosas “pegadas” y añadidas que hacen casi ya piel con nosotros.
En la abundancia de cosas la espiritualidad muere, es un ambiente demasiado cargado para que se mantenga este ecosistema tan necesario de lo natural, lo limpio, lo claro, lo ligero…
Vaciarse es imprescindible para llenarse, como el impulso es anterior a saltar y más aún en el vacÃo, que llegará tarde o temprano. El vacÃo es como una limpieza de la casa, a fondo; y dirÃa que empieza por ahà y sigue después por dentro y también a fondo.
Pero esta sociedad reclama tiempo, un tiempo que cuanto más se deposita, menos rinde y menos se tiene entre manos el ritmo de nuestra propia vida; más bien, lo tienen otros por nosotros. ¿Por qué?. Todo esto está muy unido a que nuestras necesidades son negocio y para ello será necesario inutilizarnos más y más con cosas y más cosas. Pero vamos despacio, como van las cosas cuando se mueven por el silencio y ese el es primer camino…
En soledad (y es ese el segundo camino) ¿ somos capaces de visualizar todas las cosas que tenemos?. Ha llegado a un punto que ni nos acordamos ni las utilizamos ni las hacemos correr (tercer camino).
Hay muchas cosas iguales que sirven para lo mismo, otras cosas diferentes que  dan el mismo resultado, cosas que ya no necesitas por que ya dieron su uso para el que te sirvieron, cosas que necesitas pero que puedes reducir su necesidad en ti por que no son tan importantes y cosas que necesitas pero no tanto como otros puedan necesitar… Es cuestión de pensar en ti y lo tuyo y decidir, pero sin saber, estás decidiendo mucho más.
En el fondo vas descubriendo más cosas: cosas que te significan, cosas que te ayudan, cosas que te centran, cosas que te acompañan hoy y te equilibran…cosas bellas y necesarias, algunas, pocas.
Y cuantas más cosas, más necesidad de cuidarlas con más cosas y más tiempo; cuantas más cosas, menos puedes calibrar tu peso al vacÃo y dejas arrinconada la báscula de tus verdaderas dimensiones; cuantas más cosas más difÃcl es la luz y el orden de lo que te sucede; cuantas más cosas más peligro, más angustia, y más pediente de su cuidado; cuantas más cosas menos autónomo, peor movilidad y aún más necesidad de cosas.
 Nos hemos acostumbrado a una balanza tan pesada en el  tener que hemos dejado a gran parte de este mundo aplastado y sin voz para reclamar lo que simplemente es Justicia. Un paso más, ese, el gran salto en el vacÃo.
De ahà que la Espiritualidad es radicalmente generosa, conscientemente distributiva y genialmente amplia y sorprendente, por que asà como otros sucedaneos de felicidad, ésta, que va ocurriendo en tu vida, nunca te deja sin lo necesario y se multiplica, siempre responde con lo importante incluso sin tú saberlo, y todo tú aumentas, te haces grande en dignidad, en experiencia, en conocimiento y sensibilidad sin buscarlo, sin pretenderlo, sólo por amor. Son cuentas que no cuadran, que se comprueban con el corazón y que requieren esfuerzo pero no forzarse, tomar decisiones pero no imitar caminos de otros, salir de la indiferencia pero no imponer modelos sobre las cosas; lo fundamental es no justificarse para seguir igual: razones miles, excusas de todo tipo muy razonadas y razonables y un abanico amplio de argumentos casi convincentes… hay de sobra.
Asi ya todas las cosas están encima de la mesa. Tu libertad interior tendrá que ir decidiendo, aligerando carga o cargar con más. Y cuanto más hablen de ti y menos de lo que quieres aparentar… más serán tuyas, de todos y para todos.
La Espiritualidad te va descubriendo que las cosas están ahà circunstancialmente contigo, que son de tu uso pero no te pertenecen, que están ahà para el uso y disfrute de quien más las necesite y tú te conviertes en un conseguidor de cosas, un simple puente, en una loca, despegada, desprogramada y despejada  amante de la vida.
Luego la Natura será otra cosa, tu ser cosa aparte… pero ya son demasiadas cosas para hablar de todas ellas a la vez.
