45.000 figuritas

Llevo ya una temporada dando vueltas a la imagen, el brillo, la superficialidad… Cuando la vida te pone en situaciones límite es cuando más claras ves las cosas; cuando se te trastoca todo, entonces toda la morralla cae, lo añadido y te vas quedando con lo que realmente importa, con aquello que si mirases la muerte de frente habrá merecido la pena.
Pienso en la superficialidad, el egoismo, el vivir de espaldas a tanto, de la inconsciencia sobre uno mismo y lo bien que cada día nos estamos desentendiendo de cualquier esfuerzo, de algo que suponga un paso más de lo establecido y lo medido por interés o comodidad.
La vida parece que no puede ser más dura pero de hecho te demuestra que lo puede ser. La “vuelta de tuerca” aparece de nuevo. Cuando parece que has alcanzado un punto donde ya crees haber conseguido cierta claridad, equilibrio, avance; resulta que algo vuelve a mover de sitio todo y una nueva vuelta comienza a darse que seguro te está llevando a una nueva evolución personal.
Si decides ser consciente de esto (porque de todo hay) son etapas de vaivén entre fracaso o mereció la pena, entre seguir siendo tú o dejar que otro tú nuevo, trabajado y cambiado por las nuevas circunstancias vaya apareciendo; quizás entre la angustia del presente que cada vez te dice menos y la mirada de recorrido histórica, personal, libre del aquí y ahora, que te sigue impulsando y creyendo en ese nuevo cambio que está a las puertas. Es esa vuelta de tuerca, traicionera por inesperada, pero que la vida es así, fogonazo y cambio en segundos, la que convulsiona todo, de nuevo.
Estos días en el Artium he visto una obra que eran 45.000 figuritas pequeñas de barro en una sala, de más menos la misma altura (un palmo), y que se ven desde el marco de la puerta, llenando toda la estancia.
El escultor les dió la pauta de crear un figura humana de barro en el mínimo tiempo posible. Impacta ver la sala entera llena de esas figuras, donde resaltan lo ojos y que te miran a ti. Es una sensación de escaparate pero a la inversa, ellos/as son los que te observan mirarlos, pasar por delante.
Y es que las vueltas de tuerca de la vida son procesos de libertad y lo que desde los antiguos en espiritualidad he escuchado de “desprendimiento”. Dos movimientos contrarios a la imagen y el apego. Pero esto es muy profundo, un camino muy personal e intrasferible (si se quiere y se opta) y se han dicho ¡tantas tonterías!…
Por que el fondo, cuando decimos superficialidad, egoismo, y todo lo dicho antes, el fondo es uno mismo, la lucha interna que se produce dentro antes que fuera…
Por que nuestra vida no puede ser reacción, inercia, respuesta inducida… algo pasa si es así. Desprenderse de esa necesidad para responder desde la libertad o se convierte en algo imposible dejar de ser esclavo y mucho más, desesclavizar.
En esa vuelta de tuerca por la que pasa la vida en algún momento, las cosas se clarifican, se “desprenden” y uno recuerda quién es, cómo es hasta a optar por su propio lugar. El mío, por pequeña espiritualidad subversiva, el experimentar y sentir la solidaridad con tantísimos que no llegan a ninguno de nuestros privilegios… y si se mira desde los límites de la vida, tocando la vida desde las últimas preguntas y situaciones límite … todavía todo eso se empequeñece, y se empequeñece, hasta tocar lo auténtico.
Creo que tengo que seguir tamizando, preferenciando y cada vez me estoy inclinando más o la vida ya me ha ido inclinando hacia lo insignificante, lo que no cuenta, lo que no se percibe, los excluidos, ese 80% del mundo que no existe o los borramos con facilidad pasmosa mientras nos llenamos de palabras y discursos que aplaudirían esas también 45000 figuras de barro.
Hay que vivir desde uno mismo, aceptando la vida tal como llega, no recriminado a nadie tus decisiones ni esperando que nadie cumpla tus expectativas o cubra tus necesidades. Pero no des nada por perdido optando en una apuesta sin condiciones, o la vida crece o creces tú; el fondo perdido es una ayuda para definirse, aclarar tus posturas hasta donde llegues y las circunstancias te permitan.
Entonces dejas de estar ante esas 45000 figuritas, al aire de cada una y de sus cadaunadas, a la vez que estás ahí sin que todo esto te limite y te impida ser tú, ser libre para decir, expresar y hacer sin exigir que se haga el camino por ti, por que ese le haces tú, de puntillas sobre ti misma, aprendiendo a amar, amarte y amar la vida… en cada tensión e intemperie, a vuelta de tuerca.
